La madrugada todavía no se había retirado de las montañas cuando Sofía abrió los ojos. El silencio del refugio parecía contener el mundo entero en suspenso. La leña de la chimenea aún ardía en brasas pálidas, y a su lado, Adrián dormía profundamente, con el ceño apenas fruncido, como si incluso en reposo el peligro no lo dejara completamente en paz.
Sofía no lo despertó de manera inmediata; lo observó unos segundos, y en su mente se mezclaban la ternura y un pensamiento frío: no había más marge