El fuego en la cabaña chisporroteaba con un ritmo irregular, como si quisiera marcarles el tiempo en que aún podían respirar. Sofía permanecía sentada frente a las llamas, las manos entrelazadas alrededor de una taza que ya no ardía. Lucía había enviado el último informe apenas unas horas antes: el rastro del abogado europeo se había cortado, pero las cuentas donde había pasado el dinero estaban congeladas. No era la victoria que querían, pero era suficiente para mover la presión hacia donde Ni