Tres meses después del enfrentamiento con los Rossi, la mansión Blackwood había recuperado una extraña calma.
Las reparaciones estaban terminadas. Los guardias seguían allí, pero ya no se sentían como carceleros. Isabella caminaba libremente por los jardines, aunque siempre con alguien vigilando a distancia. Ethan había cumplido su palabra: ya no era una prisionera, sino su esposa de verdad.
Esa tarde, Isabella estaba sentada en el borde de la fuente del jardín trasero, con los pies descalzos d