Sophia despertó con el primer rayo de sol filtrándose por las cortinas de su habitación. Por primera vez en semanas, no sintió esa pesada responsabilidad sobre los hombros, sino una extraña paz. El Retiro del Fuego ya no era un experimento. Se había convertido en algo vivo, respirando, casi sagrado.
Bajó las escaleras y encontró a Mateo y Camila desayunando en el comedor principal. Por primera vez desde su llegada, se miraban a los ojos mientras hablaban. No era amor apasionado todavía, pero sí