Sophia despertó antes del amanecer con una sensación extraña en el pecho. Era una mezcla de excitación y miedo profundo. El Retiro del Fuego ya llevaba casi cuatro meses funcionando y, aunque las historias de Clara y Daniel, y ahora de Lucas y Valeria, habían sido esperanzadoras, sabía que el verdadero desafío apenas comenzaba.
Bajó a la cocina, preparó café negro bien cargado y se sentó frente a la ventana que daba al invernadero. Las luces seguían encendidas, débiles pero constantes, como un