Tres años después de la inauguración del Retiro del Fuego, la mansión Blackwood ya no era solo una casa cargada de historia. Se había convertido en un santuario reconocido en silencio por cientos de personas alrededor del mundo. Las reservas se programaban con un año de anticipación y solo se aceptaban diez parejas al mes. Sophia había aprendido a proteger el lugar con mano firme pero compasiva.
Sin embargo, el tiempo no perdonaba.
A sus cincuenta y cuatro años, Sophia sentía el peso de cada añ