Las semanas siguientes fueron un torbellino para Isabella Rose y Damian.
Se veían casi todos los días. A veces hablaban durante horas en el invernadero, otras veces simplemente caminaban por los jardines en silencio. Pero el fuego no les daba tregua. Cada vez que se acercaban demasiado, las luces se volvían rojas. Cada vez que se alejaban, aparecían rosas negras.
Una noche, Isabella Rose decidió ponerlo a prueba.
Lo llevó al invernadero a medianoche y cerró la puerta detrás de ellos. Las luces