Sophia permaneció sentada en el banco del invernadero hasta que el cielo empezó a clarear. Las tres rosas blancas seguían sobre el manuscrito, como una orden silenciosa que ya no podía ignorar.
Se levantó lentamente y habló con voz clara y sincera:
—Está bien. Lo haré. Pero lo haré a mi manera. Sin filtros. Sin convertirlos en héroes perfectos ni en víctimas. Contaré la verdad completa: el veneno, las humillaciones, las noches en las que Isabella quiso matarte, Ethan, y las noches en las que tú