Los años en la mansión Blackwood nunca fueron tranquilos, ni siquiera después de que Isabella y Ethan se marcharan tomados de la mano. La casa parecía respirar por sí sola, recordando cada grito, cada beso y cada lágrima que había albergado.
Elena se instaló en la antigua suite principal, la misma donde sus bisabuelos habían pasado sus últimas noches. La pequeña Isabella, de doce años, dormía en la habitación contigua, pero a menudo se despertaba y caminaba descalza hasta el invernadero cuando