Cuarenta años después
La mansión Blackwood estaba envuelta en una paz profunda.
Isabella y Ethan estaban sentados en el balcón principal, como lo habían hecho tantas veces a lo largo de los años. Ella tenía el cabello completamente blanco y la piel marcada por el paso del tiempo, pero sus ojos verdes seguían siendo vivos y llenos de luz. Él, a su lado, conservaba esa presencia imponente, aunque sus movimientos eran más lentos y su cabello también había encanecido.
Sus manos seguían entrelazadas