Cincuenta y ocho años después
La mansión Blackwood estaba envuelta en una paz absoluta.
Era una tarde tranquila de otoño. Las hojas de los árboles tenían tonos dorados y rojizos, y el viento suave las hacía bailar en el aire. Isabella, de ciento dos años, estaba acostada en la misma cama grande que había compartido con Ethan durante más de cinco décadas. Su cabello era completamente blanco, su piel fina como pergamino, pero sus ojos verdes seguían conservando un último destello de la fuerza y e