Cincuenta y cinco años después
La mansión Blackwood estaba en silencio.
Solo se escuchaba el suave crepitar de la chimenea y la respiración lenta y pausada de Isabella y Ethan.
Isabella, de noventa y nueve años, estaba acostada en la misma cama grande que habían compartido durante más de cinco décadas. Su cabello era blanco como la nieve, su piel fina como papel de arroz, pero sus ojos verdes seguían conservando un último destello de la fuerza que la había definido toda su vida.
Ethan, de cient