La mañana siguiente amaneció con una lluvia fina que golpeaba suavemente los ventanales de la mansión.
Isabella se despertó envuelta en los brazos de Ethan. Su cuerpo grande y cálido la rodeaba por completo, como si incluso dormido temiera que ella desapareciera. Por primera vez en semanas, no sintió la urgencia de apartarse. Se quedó quieta, escuchando el latido constante de su corazón contra su espalda.
Ethan se removió detrás de ella. Sus labios rozaron su nuca en un beso perezoso.
—Buenos d