El trayecto de regreso desde el muelle hasta la mansión se sintió como una marcha fúnebre. Marcus no me bajó de sus brazos; sus músculos estaban tensos, una armadura de carne y hueso que me recordaba que, aunque Julián estaba vivo, yo seguía siendo su prisionera. El viento marino silbaba entre las columnas de la propiedad, un sonido que se asemejaba a un lamento que solo yo podía entender.
Al entrar en la suite principal, Marcus me dejó caer sobre la alfombra de felpa. El contraste entre la fri