El silencio de la cripta era engañoso. Bajo el zumbido de los servidores y el frío del aire acondicionado industrial, latía el pulso de una organización que había pasado siglos perfeccionando el arte de la manipulación. Mi madre pensaba que me había dejado sola con mi desesperación, pero se había olvidado de un detalle fundamental: los Thorne no solo eran hombres de negocios; eran ingenieros de lo oculto.
Me incliné hacia adelante tanto como los grilletes me permitían, pegando mi mandíbula cont