El silencio dentro de la Cámara de la Esmeralda no era vacío; era denso, cargado con el zumbido de millones de datos fluyendo por segundo. La esfera de luz verde que flotaba en el centro de la sala iluminaba las paredes de obsidiana, reflejando mi rostro cansado y cortado por el cristal. Aquí abajo, el tiempo parecía detenerse. Los disparos y gritos de la Orden al otro lado de la puerta de bronce eran apenas un eco lejano, como el recuerdo de una vida anterior.
Caminé hacia la esfera. Al acerca