St. Moritz no era solo una ciudad; era un altar al dinero y al privilegio, tallado en el mármol blanco de los Alpes suizos. El aire aquí era tan puro que dolía al respirar, y el cielo tenía un azul tan profundo que parecía artificial. Nos alojábamos en "La Fortaleza de Cristal", una mansión privada que colgaba peligrosamente de un risco, propiedad exclusiva de la familia Von Zale desde antes de que existieran los bancos modernos.
Hacía tres días que no veía a Marcus. Tres días desde que lo dejé