El aeródromo secundario de Parma parecía una isla de luces blancas y azules en medio de la oscuridad rural. Desde la colina donde Marcus había detenido el SUV, la escena era dantesca. Al menos diez patrullas de los Carabinieri rodeaban la pista, sus luces estroboscópicas tiñendo la lluvia de un color violáceo irreal. En el centro de todo, un jet ejecutivo de color plateado esperaba con las turbinas encendidas, emitiendo un silbido agudo que perforaba los oídos.
Isabella Rossi estaba allí, bajo