La noche había caído sobre la mansión López con una calma engañosa.
Desde afuera, todo parecía en orden: las luces suaves encendidas, el jardín silencioso, el murmullo lejano del viento entre los árboles. Pero dentro de aquella habitación, donde Bianca y Luciano yacían acostados, el aire estaba cargado de algo más pesado que el cansancio. Algo que no se decía, pero que ambos sentían.
Bianca estaba de lado, mirando el techo. Luciano, boca arriba, con los brazos tensos sobre la sábana. Ninguno lo