Luciano no dijo una sola palabra cuando ella terminó de hablar.
No creía en la totalidad de su historia.
Fue porque estaba seguro de que, si abría la boca en ese momento, la furia lo traicionaría.
Gabriela, en cambio, bajó la mirada con precisión quirúrgica. No demasiado rápido. No demasiado lento. Justo lo necesario para parecer frágil, para parecer rota.
—Si no me crees… lo entiendo —murmuró—. Nadie me creería.
Luciano la observó con detenimiento.
Había algo en ella que no cuadraba.
No era su