La mañana siguiente amaneció con un aire distinto. Bianca despertó sintiéndose ligera, serena, con el recuerdo cálido de la cena de anoche aún rodeándole el corazón. Se duchó, se vistió con uno de sus conjuntos elegantes y sencillos —pantalón beige, camisa blanca y blazer crema—, se puso sus tacones y salió rumbo a la empresa con una sensación poderosa de control.
Habían quedado dos días para su cumpleaños.
Dos días para que todo cambiara para siempre.
Entró a la empresa saludando a quienes la miraban con respeto genuino. Algunos empleados la felicitaban anticipadamente, otros le sonreían tímidamente. Ella se sentía diferente. Ya no era la Bianca insegura que agachaba la cabeza ante Francisca. Ahora era una mujer que sabía quién era y, sobre todo, sabía lo que era suyo.
Llegó a su oficina, encendió el computador y comenzó a revisar los documentos acumulados del día anterior. Informes de compras, órdenes de producción, cuentas pendientes con proveedores, solicitudes internas del person