La mañana siguiente amaneció con un aire distinto. Bianca despertó sintiéndose ligera, serena, con el recuerdo cálido de la cena de anoche aún rodeándole el corazón. Se duchó, se vistió con uno de sus conjuntos elegantes y sencillos —pantalón beige, camisa blanca y blazer crema—, se puso sus tacones y salió rumbo a la empresa con una sensación poderosa de control.
Habían quedado dos días para su cumpleaños.
Dos días para que todo cambiara para siempre.
Entró a la empresa saludando a quienes la