El sonido del reloj de la oficina resonaba demasiado fuerte para los nervios de Luciano. Ya había terminado todos los pendientes del día, revisado informes, leído correos y firmado documentos, pero aun así seguía mirando la hora cada tres minutos. Bianca llevaba días trabajando sin descanso en la empresa de su mamá, tratando de poner orden entre los empleados, establecer nuevas rutinas y demostrarle a todos que ella tenía la capacidad de dirigir. Y él… él solo quería facilitarle la vida un poco