El resto de la cena transcurrió en una normalidad forzada, sostenida por alfileres. Luciano apenas habló, limitándose a respuestas monosilábicas que no comprometían ningún bando. Bianca dirigió la conversación hacia temas neutros —el próximo examen de ciencias de Mateo, la posibilidad de un acuario en su habitación, las flores del jardín que empezaban a brotar— con la eficiencia fría de una directora de orquesta que conoce cada partitura de memoria. Gabriela se retiró a su papel de invitada dis