Una inesperada tregua cayó sobre Bruselas. El comité evaluador había pospuesto su sesión un día por una huelga de transporte público, concediéndole a Bianca y a su equipo un respiro no planeado. La cancelación de la maratón de reuniones dejó un vacío en la mañana, un espacio de quietud que Bianca no sabía muy bien cómo llenar.
Fue entonces cuando Alberto apareció en la puerta de su suite del hotel, no con una carpeta bajo el brazo, sino con una sonrisa abierta y una propuesta sencilla.
—Bian, e