La mañana en la mansión López amaneció con una luz suave que se colaba por los ventanales del comedor de desayuno. Luciano, impecablemente vestido para el trabajo aunque trabajara desde el estudio, revisaba en su tablet los informes matutinos con una taza de café negro frente a él. Mateo, sentado a su lado, jugueteaba con un tazón de cereal, contándole a su padre una elaborada teoría sobre por qué los triceratops tenían tres cuernos y no cuatro.
La atmósfera era de una normalidad cuidadosamente