Mientras Bruselas se desenvolvía entre confesiones íntimas y estrategias legales, en la ciudad natal la tensión tomaba otras formas, más silenciosas pero igualmente peligrosas.
En las oficinas de Del Valle Corporation:
Raúl Fernández terminó su café de la tarde con un nudo de ansiedad en el estómago. El momento había llegado. Con una discreción que ya era segunda naturaleza, esperó a que el área de finanzas quedara semi-desierta, la mayoría de sus compañeros absortos en la inercia post-almuerzo