La mañana llegó con una calma engañosa.
La mansión despertaba poco a poco: el sonido lejano de una cafetera encendiéndose, pasos suaves de las empleadas y la luz del sol filtrándose entre las cortinas. Bianca ya estaba vestida, revisando unos documentos en la mesa del comedor mientras terminaba su café. Tenía la mente puesta en la empresa; ese día sería especialmente pesado.
Gabriela apareció desde el pasillo, más arreglada de lo habitual, con el cabello suelto y una expresión aparentemente ser