Capítulo 127: Lágrimas que no nacen del corazón.
La habitación del hospital estaba en silencio cuando Bianca entró.
La luz de la mañana se filtraba con suavidad por la ventana, iluminando el rostro pálido de Gabriela, que yacía recostada entre almohadas blancas. A simple vista parecía frágil, casi quebrada, como si cualquier palabra mal dicha pudiera romperla en mil pedazos.
Pero apenas escuchó el sonido de la puerta cerrarse, Gabriela supo que no estaba sola.
—Bianca… —susurró, girando lentamente el rostro—. No pensé que vendrías.
Bianca dejó su bolso sobre la silla y se acercó con cautela.
—Quería verte —respondió—. Saber cómo estabas.
Gabriela bajó la mirada, como si esas palabras fueran demasiado para ella.
—Mal… —murmuró—. Me siento tan mal…
Sus dedos se aferraron a la sábana con aparente nerviosismo.
Por dentro, su mente corría a otra velocidad.
Perfecto. Voz temblorosa, mirada baja. Que note que estoy rota.
—Bianca… —continuó, tragando saliva—. Todo esto es culpa mía.
Bianca frunció ligeramente el ceño.
—No hables así.
—Sí lo