Los días comenzaron a pasar con una calma extraña, casi peligrosa.
No había discusiones.
No había escenas.
No había reproches.
Y precisamente eso era lo que inquietaba a Luciano.
Desde que Gabriela había regresado a la mansión tras salir del hospital, su comportamiento había sido impecable. Demasiado. No exigía nada, no reclamaba atención, no buscaba a Mateo más de lo necesario. Pasaba la mayor parte del tiempo en su habitación, salía solo a las horas indicadas por la enfermera, comía poco, hab