Capítulo 126: No es un favor, es su deber.
Mateo permaneció unos segundos en silencio, abrazado a su padre.
No lloraba.
No hacía berrinche.
Su rostro, pequeño aún, mostraba una seriedad que no correspondía a su edad, como si su corazón hubiera aprendido demasiado pronto a cargar preguntas grandes.
—Papá… —dijo al fin, separándose apenas para mirarlo a los ojos—. Yo sé que ella es mi mamá de sangre.
Luciano se tensó, pero no lo interrumpió.
Mateo continuó, con una voz tranquila, sorprendentemente firme.
—Y también sé que estuvo enferma, o que le pasó algo malo… —agregó—. No soy un bebé, papá, puedo entender eso.
Bianca sintió cómo el pecho se le apretaba.
Mateo respiró hondo antes de decir lo que realmente le pesaba.
—Pero entender no es lo mismo que sentir —explicó—. Y yo no siento nada cuando la veo.
Luciano cerró los ojos un instante.
Ese niño hablaba con una claridad que muchos adultos no tenían.
—No la odio —aclaró Mateo—. Tampoco me da miedo. Solo… no es mi lugar.
Bianca se acercó lentamente y se sentó frente a él.
Mateo