Bianca llegó a la empresa con el paso firme, aunque por dentro sentía el cansancio acumulado de demasiadas batallas abiertas al mismo tiempo. La maternidad, la enfermedad de Mateo, Gabriela rondando como una sombra venenosa y ahora, nuevamente, la empresa reclamando toda su atención.
Apenas cruzó la puerta principal del edificio López, supo que ese día no sería uno más.
No era intuición femenina ni paranoia. Era experiencia.
Subió directo a su oficina sin detenerse a conversar con nadie. Saludó