Capítulo 114: Sombras que no descansan.
La mansión estaba en silencio, un silencio extraño, de esos que no traen paz sino inquietud. Bianca no había dormido bien. Cada vez que cerraba los ojos veía el rostro pálido de Mateo en la camilla, las agujas, las bolsas de sangre descendiendo lentamente, y detrás de todo eso, como una sombra que no se iba, la imagen de Gabriela sonriendo con falsa dulzura.
Se levantó despacio para no despertar a Luciano. Caminó descalza hasta la habitación de Mateo y abrió la puerta apenas un poco. Él dormía profundamente, con el ceño fruncido, como si incluso en sueños su cuerpo supiera que algo no estaba bien.
Bianca se sentó a su lado y le acarició el cabello.
—Mi amor… —susurró—. Prometo que todo esto va a terminar pronto.
Pero en su interior no estaba tan segura.
Desde el accidente, desde la aparición de Gabriela, nada había vuelto a sentirse realmente estable. Era como si alguien hubiera movido una pieza invisible del tablero, alterando todo.
Mientras tanto, en el apartamento lujoso, Gabriela