Capítulo 101: El peso de los sentimientos.
La casa estaba en silencio, un silencio distinto al de otras noches. No era tranquilidad, era reflexión. Era ese tipo de calma que llega después de una tormenta emocional, cuando todos están agotados por dentro, aunque el cuerpo esté quieto.
Mateo estaba sentado en la cama, con las piernas colgando y las manos apoyadas sobre el colchón. Bianca se había sentado a su lado, sin invadir su espacio, pero lo suficientemente cerca para que él sintiera su presencia. Luciano permanecía frente a ellos, apoyado en la pared, observando a su hijo con una mezcla de preocupación y ternura.
—Papá… —dijo Mateo de pronto, rompiendo el silencio—. ¿Puedo decir algo sin que se enojen?
Luciano se acercó un poco más y se agachó frente a él, a su altura.
—Claro que sí, campeón. Lo que tú sientas siempre importa.
Mateo respiró hondo. No era un niño cualquiera; pensaba demasiado para su edad, analizaba cosas que otros niños ni siquiera se cuestionaban.
—Es que… —dudó—. Esa señora… Gabriela… no me hace sentir n