El convento estaba en silencio, pero no en paz. Como si los muros antiguos supieran que algo se movía entre ellos, algo que no tenía forma pero sí intención. Las hermanas rezaban, atendían sus labores, sonreían con la misma rutina de siempre… pero los ojos de algunas miraban demasiado, hablaban poco, y escondían más.
Elena sentía las miradas. No eran de juicio, sino de sospecha. Había rumores. Palabras sueltas que caían como gotas antes del diluvio.
—Dicen que alguien lo ayudó a escapar —murmur