Alina
Duermo.
O creo que duermo.
Pero algo me llama.
No es un sonido. No es un sueño.
Es más antiguo que el lenguaje, más denso que el miedo. Una onda sorda, proveniente del interior — o de abajo. Una vibración telúrica, lenta, profunda, como si la tierra misma temblara bajo mis pies descalzos.
Y en mi vientre, hay un sobresalto.
No es un movimiento normal.
No es una caricia del bebé.
Un sobresalto.
Un retroceso.
Casi un rechazo.
Como si la vida que crece dentro de mí también hubiera percibido