El reloj de la biblioteca marcaba las 4:12 de la madrugada cuando Lucía abrió los ojos de nuevo.
Estaba tirada en el suelo del Rincón de los Tres, con el cuerpo cubierto de sudor frío y la marca negra palpitando como un segundo corazón. La rosa negra flotaba sobre ella, girando lentamente, como si la observara.
Victoria habló dentro de su mente, con voz suave y peligrosa:
—¿Dormiste bien, bisnieta?
Lucía se incorporó con esfuerzo. Cada movimiento le dolía. La marca ya le cubría casi todo el lad