El sexto día fue el más largo de la vida de Lucía.
Se despertó en el suelo del Rincón de los Tres con la sensación de que su cuerpo ya no le pertenecía del todo. La marca negra le cubría casi todo el lado izquierdo del rostro, bajaba por el cuello y se extendía por el torso como una enredadera viva. Cuando intentó levantarse, su brazo izquierdo se movió solo, golpeando el sillón con fuerza.
Victoria estaba despierta.
—Buenos días, bisnieta —susurró la voz dentro de su cabeza, con un tono casi j