Doscientos años después de que Lucía rompiera el ciclo, el Jardín de las Diez Generaciones ya no necesitaba guardianas. Solo necesitaba que alguien lo amara.
Valeria Rivera Solís, de ochenta y cuatro años, era la última mujer de la familia que llevaba oficialmente el título de guardiana. Sus manos estaban llenas de arrugas y manchas, pero aún temblaban de emoción cada vez que tocaba una rosa. Esa mañana de verano, caminaba sola por el sendero central. Ya no necesitaba bastón. El jardín mismo pa