Sesenta y cinco años después de que Lucía rompiera el ciclo, la biblioteca Valeria Solís era ya un patrimonio nacional. Turistas llegaban de otras provincias solo para caminar por el Jardín de las Cuatro Generaciones y sentarse en el banco de piedra donde tantas mujeres de la familia habían encontrado paz. Los guías contaban la historia oficial: la de una familia que convirtió un dolor antiguo en un refugio para todos.
Valeria Rivera, ahora con ochenta y dos años, ya no dirigía el lugar. Lo hab