Setenta y cinco años después de que Lucía rompiera el ciclo, la biblioteca Valeria Solís ya no pertenecía solo al pueblo. Era un lugar sagrado para miles de personas que llegaban cada año en peregrinación silenciosa. El Jardín de las Cuatro Generaciones —ahora conocido como el Jardín de las Siete Generaciones— se había convertido en un símbolo nacional de sanación y perdón.
Johanna Rivera, de treinta y ocho años, era la actual guardiana principal. Alta, de cabello oscuro y ojos serenos, caminab