El reloj marcaba las 2:47 de la madrugada cuando Lucía abrió los ojos en el suelo del Rincón de los Tres.
El dolor era insoportable. La marca negra le cubría ya casi todo el lado izquierdo del cuerpo, desde la cadera hasta la sien. Sentía cómo Victoria se movía dentro de ella, como si estuviera acomodando sus huesos, sus venas, su alma.
Se incorporó con dificultad. La rosa negra flotaba ahora a un metro del suelo, girando lentamente, como un corazón vivo.
—Estás resistiendo más de lo que espera