Un año después.
Era un viernes por la tarde de primavera. La biblioteca estaba llena de gente, pero Mateo solo tenía ojos para una persona.
Luna estaba en el Rincón de Valeria, organizando unos libros nuevos, con el cabello recogido y una sonrisa distraída. Mateo la miró desde el mostrador durante varios minutos, con el corazón latiéndole fuerte.
Tenía la cajita en el bolsillo desde hacía dos semanas. Sara lo sabía. Doña Rosa también. Solo faltaba ella.
Respiró profundo, se acercó al rincón y s