Dos semanas después, la biblioteca estrenó algo nuevo.
En el rincón más luminoso del segundo piso, donde entraba el sol de la mañana, habían creado un espacio especial. Una pequeña mesa de madera clara, una silla cómoda, una lámpara antigua y un letrero plateado que decía:
El Rincón de Valeria
En el centro de la mesa descansaba el libro que ella había dejado para Mateo. Junto a él había la foto donde Valeria sonreía mirando un libro antiguo, rodeada de varias rosas blancas frescas que Luna camb