Seis meses después.
El jardín de la vieja mansión municipal estaba lleno de flores blancas y plateadas. Las sillas estaban dispuestas en filas perfectas, y al final del pasillo central había un arco adornado con rosas blancas y libros antiguos abiertos.
Mateo esperaba de pie frente al altar improvisado, vestido con un traje negro elegante. Tenía las manos sudorosas y el corazón latiéndole fuerte. Sara estaba a su lado como testigo, sonriendo con orgullo.
La música suave empezó a sonar.
Johanna