Valeria despertó sola en su cama, empapada en sudor. La habitación estaba en silencio, pero su cuerpo todavía temblaba como si Kael siguiera encima de ella.
Miró el reloj. Solo habían pasado tres horas desde que salió de la biblioteca. Sin embargo, sentía que habían sido días enteros.
Se tocó el cuello. Las marcas plateadas ahora bajaban hasta su clavícula y seguían creciendo. Ya no podía esconderlas con una blusa normal.
Se levantó con dificultad. Le dolía todo. Cada paso le recordaba lo que h