Lucía despertó en el suelo del Rincón de los Tres con un grito ahogado.
El dolor era tan intenso que por un momento pensó que su cuerpo se estaba rompiendo desde dentro. La marca negra había avanzado durante la noche. Ya no era solo una mancha en su muñeca y espalda. Ahora cubría completamente su brazo izquierdo, subía por el hombro, invadía el cuello y llegaba hasta la comisura de los labios. El ojo izquierdo era un abismo negro sin fondo.
Se incorporó con dificultad, jadeando. El relicario ne