Valeria apareció en su apartamento temblando de pies a cabeza. Apenas podía mantenerse en pie. Las marcas plateadas le cubrían ya casi todo el cuerpo visible, y las que no se veían ardían aún más fuerte por dentro.
Se dejó caer en el sofá y se abrazó las rodillas. Tenía la respiración agitada y la mente completamente en blanco. Ya no sabía qué hacer. Cada decisión que tomaba parecía empeorar las cosas.
El celular vibró. Era Mateo otra vez.
Mateo:
¿Dónde estás? Me dejaste preocupado. Por favor r