Valeria entró al hospital con el corazón en la garganta. Había pasado toda la noche sin dormir, mirando el techo mientras las marcas le ardían sin parar. Tenía ojeras profundas y la voz todavía ronca de tanto gritar el nombre de Kael la noche anterior.
Mateo estaba sentado en la cama del hospital, ya vestido con su ropa normal. Cuando la vio entrar, su rostro se iluminó.
—Valeria… por fin.
Ella se acercó y lo abrazó con cuidado. En cuanto los brazos de Mateo la rodearon, sintió un dolor tan fue