Ciento setenta años después de que Lucía rompiera el ciclo, el Jardín de las Diez Generaciones ya era un lugar casi mítico. La biblioteca Valeria Solís había sido declarada Patrimonio de la Humanidad y centro mundial de sanación emocional. Cada día llegaban personas de todos los continentes para sentarse bajo las rosas blancas, escribir en los cuadernos que se dejaban libres o simplemente respirar el aroma que parecía curar lo que las palabras no alcanzaban.
Lucía Rivera Solís, de setenta y un