Ciento ochenta años después de que Lucía rompiera el ciclo, el Jardín de las Diez Generaciones ya no era solo un lugar de sanación. Era un ser vivo que respiraba junto con el mundo. La biblioteca Valeria Solís se había convertido en un centro global de estudios sobre trauma intergeneracional y resiliencia emocional. Cada mes llegaban investigadores, terapeutas y familias enteras buscando lo que muchos llamaban “el milagro de las rosas blancas”.
Valeria Rivera Solís, de sesenta y ocho años, era